El seguro que casi nadie sabe que tiene
Tu crédito está cubierto por un seguro que libera la deuda y los gravámenes en caso de incapacidad total permanente o de muerte del titular. También aplica con incapacidad parcial permanente del cincuenta por ciento o más, o invalidez definitiva. El costo del seguro lo paga el Instituto, no tú.
Hay una excepción que conviene conocer: no aplica si el crédito se obtuvo después de que se concediera esa pensión. Por eso el análisis lo declara como condicionado en lugar de prometerlo.
Si perdiste el trabajo, la prórroga es un derecho
Cuando el Instituto sabe que dejaste de percibir ingresos salariales, debe otorgarte prórroga en los pagos, con efectos retroactivos a la fecha en que perdiste el ingreso, y durante la prórroga no se generan intereses ordinarios.
Cada prórroga dura hasta doce meses y en conjunto no pueden pasar de veinticuatro; terminan antes si empiezas un nuevo trabajo. Los «apoyos por desempleo» que además existen son otra cosa: son programas, no derechos.
A los 30 años, el Instituto libera el saldo
Si han pasado treinta años desde que te dieron el crédito, la ley obliga al Instituto a liberarte del saldo pendiente, salvo por pagos omisos o por las prórrogas que te haya concedido. Y desde la reforma de febrero de 2025 está prohibido actualizar el saldo de los créditos a personas trabajadoras: la deuda ya no puede seguir creciendo por actualización.
Al terminar de pagar, el Instituto debe emitir la liberación del gravamen e inscribirla sin cobrarte contribución alguna, y darte copia certificada gratis.
🔴 Lo que NO es ley, y por eso no se promete
La tasa de interés de tu crédito no está en la ley: la determina el Consejo de Administración y puede cambiar sin que se reforme nada. Lo mismo la puntuación, los criterios de prelación y las reglas de otorgamiento.
Las reestructuras, quitas, descuentos y congelamientos son programas por convocatoria: existen, cambian y tienen requisitos y fechas propias. Este análisis te dice que existen y dónde preguntarlos anotando la fecha, pero no te dice que calificas. Una facilidad vigente hoy no es un derecho.